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Yeidy Rosa
Freddy Sarzoza
Paulina Simon Torres
Hacia Una Pedagogía Multimedial: El Caso de Pintacuentos Introducción En la temporada televisiva del 2003, aparece en Tronia, franja infantil del canal de Televisión Nacional de Chile (TVN), un nuevo programa para niñas y niños. Titulado Pintacuentos, este programa tenía algo diferente. No consistía de una producción hecha por adultos para el consumo y la recepción pasiva del público infantil, sino un programa adonde las niñas y niños eran invitados a ser protagonistas en la producción de un relato audiovisual transmitido a lo largo del país; en el cual grupos de niñas y niños de escuelas de diversas localidades de Chile participaban de la narración de un cuento, lo dibujaban y luego esos dibujos eran animados para, así, crear una historia creada para y con niños. Con cuentos rigurosamente seleccionados y de temas universales como lo son la solidaridad, la convivencia comunitaria y el compromiso, y narrados por cuentacuentos que, no sólo captan la atención y el interés de niñas y niños, sino que los hacen partícipes del relato—invitándolos primero a opinar y comentar mientras se les cuentan el cuento y luego cuando se les pide que dibujen personajes y escenarios de la historia—estas niñas y niños no son solamente público, sino protagonistas de Pintacuentos. Ese año, Pintacuentos fue premiado por el Consejo Nacional de Televisión de Chile (CNTV) con el primer lugar entre Programas de Calidad Técnica y Contenido Educativo de la televisión chilena, primer lugar en el Festival de Videos de la Solidaridad VISOL de Chile y el segundo lugar en el festival Iberoamericano de Televisión Infantil “Prix Jeunesse”, superado solo por el afamado Plaza Sésamo. Lo que pocos televidentes sabían en ese momento es que la serie de televisión Pintacuentos era solo un componente de un proyecto multidisciplinario que aporta a la infoalfabetización mediante el uso integral de tecnologías de información y comunicación. Junto a guías didácticas para apoyar a educadoras/es y producidas de acuerdo a los más altos estándares de exigencia pedagógica, talleres de comics, video y televisión escolar, narración oral infantil, medios audiovisuales, elaboración de proyectos multimediales, actividades recreativas, formativas y la formación de comunidades de aprendizaje a través de un espacio virtual concebido como un soporte comunicacional y educativo que le permite a niñas, niños y pre-adolescentes generar sus propios relatos multimediales, mostrar sus trabajos y comunicarse con otras niñas y niños a través del sitio web. El proyecto Pintacuentos es un conjunto de estrategias no sólo para niñas y niños, sino también para madres/padres, educadoras/es, y apoderadas/os, dentro y fuera del aula. De esta forma, Pintacuentos no es solo una propuesta para la televisión infantil, sino también para la pedagogía. Modelo de Educación en Crisis Los conceptos tradicionales de aprendizaje han sido y siguen siendo los más grandes desafíos para la educomunicación. Son estas concepciones las que forman parte del núcleo teórico sobre los que se construye la propuesta de Pintacuentos; un encuentro entre viejas y nuevas pedagogías que sirven como eje de encuentro entre la educación y la comunicación. El modelo de educación se encuentra hoy enfrentando una crisis paradigmática, visualizando a la escuela y la transmisión de conocimiento a través de la clase expositiva presencial y el texto impreso. Bajo este paradigma predomina la noción de que se aprende a partir de una transmisión de conocimiento lineal, ordenada secuencialmente y que este aprendizaje se logra de acuerdo a etapas, edades y escalas mentales que son también secuenciales. Dicha concepción se contrapone a los procesos de comunicación que hoy en día dinamizan y transforman la sociedad. La fotografía, el cine, la radio, la televisión, la telefonía, la informática y el Internet han desplazado al texto escrito como transmisor central de mensajes, ya que establece dispositivos de almacenamiento, difusión y circulación mucho mas versátiles. Este cambio en modos de aprendizaje exige una transformación en los modelos de educación; de un modelo basado en la secuencia lineal de la palabra impresa, fundada en la dependencia de los adultos formados en ese paradigma, hacia un modelo de pedagogía basada en la exploración por los sentidos—la visión, el oído y el tacto—y la velocidad. Sin embargo, la institución escolar sigue enseñando como si nada hubiera cambiado. Silvia del Solar Documentos de trabajo, PIIE Santiago de Chile, 2001.
La importancia de hablar sobre televisión, niñez y adolescencia Querer una televisión que sea incluyente y por lo tanto diversa, que reciba, intercambie y difunda información, que logre generar procesos de interés social, en la que se respete la integridad psíquica, moral y sexual de las personas, son motivos suficientes para generar espacios de discusión y reflexión no sólo con jóvenes, niñas y niños, sino con todos los sectores involucrados. Con estas motivaciones, en mayo de 2009 la Fundación Chulpicine realizó, conjuntamente con otras instituciones, el “Primer Seminario Internacional Ahí Tves ¿Qué ves?: Televisión, Niñez y Adolescencia”, espacio concebido desde una visión participativa y de corresponsabilidad, en la que la realidad local es tan importante como la global. Por eso que en cada provincia del país se realizaron mesas de discusión temáticas y más de 26 talleres, con alrededor de 200 asistentes al seminario que se realizó en Quito, y sobre 1200 participantes en todo el proceso. Una de las conclusiones que es importante destacar del Seminario Ahí Tves ¿Qué ves?, es la preocupación que hubo tanto de los organizadores como de los participantes, de no caer en la trampa de buscar culpas sobre la mala calidad o la falta de compromiso social de la televisión y su programación, sino de asumir las respectivas responsabilidades y buscar soluciones a través de propuestas concretas. La importancia de debatir y reflexionar en torno a la televisión tiene que ver con la influencia que ésta ejerce sobre la niñez y la adolescencia; y que también a los adultos les refuerza modelos de conducta, de pertenencia y de identidad. Así en un sondeo realizado durante el seminario se encontró que el 39% de menores de edad piensa que la televisión ecuatoriana promueve muy poco los valores de identidad, mientras que un 20% dice que no transmite ningún valor de identidad. Además, un 29% de menores de edad piensa que la televisión promueve pautas de conducta, para un 32% promueve algo y un 14% dice que no promueve ningún valor de conducta. El seminario fue también un espacio para desvirtuar imaginarios que la televisión es mala per se, para lo cual se mostraron materiales de calidad realizados para televisión, organizaron y se hicieron talleres sobre cómo usar las potencialidades de las herramientas audiovisuales y se reafirmaron percepciones, como que en la programación y producción no se respetan derechos, especialmente de niñas, niños y adolescentes. El mayor logro de realizar un seminario como éste es poder debatir y reflexionar sobre la televisión, utilizando esas reflexiones, aprendizaje y conclusiones en procesos más globales. El seminario Ahí Tves ¿Qué ves? ha logrado concretar ese objetivo al entregar a la sociedad un proyecto de ley sobre el tema niñez, adolescencia y televisión, participar con esos resultados en procesos ciudadanos amplios, como la propuesta para la nueva Ley de Comunicación, y generar una serie de convenios internacionales para la coproducción a nivel regional de programas de calidad. Freddy Sarzoza Coordinador de Comunicación Fundación Chulpicine
Manual ético para instalar luz eléctrica En nuestras visitas a los medios de comunicación, entidades públicas y privadas, posibles auspiciantes o contrapartes interesadas en el Festival de Cine Infantil y Juvenil Chulpicine, constantemente nos hacen preguntas como: ¿Por qué cine para niños? ¿Por qué gratuito? ¿Por qué itinerante? ¿Qué tendrán de nuevo este año? ¿Por qué y para qué Chulpicine? En lugar de recurrir a un manual de estilo en el que cada uno de nosotros responde a estas inquietudes con manifiestos aprendidos de memoria a través de los años, he notado que cada vocero del festival tiene su propia versión y modo de explicar la dinámica de Chulpicine. Lo hacemos desde aquellos lazos emotivos y profesionales desarrollados en cada nueva edición. Para algunos de nosotros hacer el festival se trata de defender el derecho a la cultura y entretenimiento de públicos que habitan en lugares de difícil acceso a éstos. Otros destacamos la magia del cine y su infinidad de posibilidades de generar vínculos comunitarios, espacios de diálogo y aprendizaje. Algunos nos inclinamos a pensar que los niños y los jóvenes son, quizá, los más desamparados cuando se trata de la calidad de cine y televisión que pueden ver y eso nos motiva en nuestra búsqueda incansable de programación. Sin embargo, todos tenemos en nuestra agenda algunas respuestas en común que son una combinación de lo que cada uno prioriza: hacemos el festival cada año, desde hace ocho, lo hacemos gratuito y lo llevamos geográficamente cada vez más lejos porque creemos firmemente en el cine y su modo casi místico de obrar milagros. Creemos en el cine que lleva alegría, repara enemistades, que logra que en comunidades de la frontera del Ecuador en las que no hay luz se pueda instalar un generador eléctrico para, en la oscuridad, encender una pantalla con un universo que conmueve y cambia vidas. Y a la pregunta ¿Qué habrá de nuevo este año? Respondemos con emoción que la octava edición ha apasionado profundamente a todo el equipo de Chulpicine porque logramos vencer los obstáculos de la falta de recursos y el calvario del levantamiento de fondos; y conseguimos, gracias a las mismas comunidades y sus dirigentes, llegar, además de a la provincia de Pichincha, a Napo, Sucumbíos e Imbabura. Esto nos lleva a las últimas preguntas ¿Por qué Chulpicine? Porque nuestra labor al final del día se suma a la de un mundo ávido de imágenes, diálogos, comprensión y voluntad de satisfacer la mente y el alma. Y ¿para qué Chulpicine? Para que cada vez seamos más los cautivos y sea más fuerte y contagioso el deseo de instalar luz eléctrica y una pantalla de cine en cada lugar donde las personas puedan reunirse a soñar. Paulina Simon Torres Programadora Festival Chulpicine
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