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TEXTOS CHULPI / PAULINA SIMON TORRES

Textos Chulpi

Manual ético para instalar luz eléctrica

En nuestras visitas a los medios de comunicación, entidades públicas y privadas, posibles auspiciantes o contrapartes interesadas en el Festival de Cine Infantil y Juvenil Chulpicine, constantemente nos hacen preguntas como: ¿Por qué cine para niños? ¿Por qué gratuito? ¿Por qué itinerante? ¿Qué tendrán de nuevo este año? ¿Por qué y para qué Chulpicine? En lugar de recurrir a un manual de estilo en el que cada uno de nosotros responde a estas inquietudes con manifiestos aprendidos de memoria a través de los años, he notado que cada vocero del festival tiene su propia versión y modo de explicar la dinámica de Chulpicine.

Lo hacemos desde aquellos lazos emotivos y profesionales desarrollados en cada nueva edición. Para algunos de nosotros hacer el festival se trata de defender el derecho a la cultura y entretenimiento de públicos que habitan en lugares de difícil acceso a éstos.

Otros destacamos la magia del cine y su infinidad de posibilidades de generar vínculos comunitarios, espacios de diálogo y aprendizaje.

Algunos nos inclinamos a pensar que los niños y los jóvenes son, quizá, los más desamparados cuando se trata de la calidad de cine y televisión que pueden ver y eso nos motiva en nuestra búsqueda incansable de programación. Sin embargo, todos tenemos en nuestra agenda algunas respuestas en común que son una combinación de lo que cada uno prioriza: hacemos el festival cada año, desde hace ocho, lo hacemos gratuito y lo llevamos geográficamente cada vez más lejos porque creemos firmemente en el cine y su modo casi místico de obrar milagros. Creemos en el cine que lleva alegría, repara enemistades, que logra que en comunidades de la frontera del Ecuador en las que no hay luz se pueda instalar un generador eléctrico para, en la oscuridad, encender una pantalla con un universo que conmueve y cambia vidas.

Y a la pregunta ¿Qué habrá de nuevo este año? Respondemos con emoción que la octava edición ha apasionado profundamente a todo el equipo de Chulpicine porque logramos vencer los obstáculos de la falta de recursos y el calvario del levantamiento de fondos; y conseguimos, gracias a las mismas comunidades y sus dirigentes, llegar, además de a la provincia de Pichincha, a Napo, Sucumbíos e Imbabura.

Esto nos lleva a las últimas preguntas ¿Por qué Chulpicine? Porque nuestra labor al final del día se suma a la de un mundo ávido de imágenes, diálogos, comprensión y voluntad de satisfacer la mente y el alma. Y ¿para qué Chulpicine? Para que cada vez seamos más los cautivos y sea más fuerte y contagioso el deseo de instalar luz eléctrica y una pantalla de cine en cada lugar donde las personas puedan reunirse a soñar.
Paulina Simon Torres
Programadora Festival Chulpicine